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Nos dirigimos a ustedes con la certeza de que la solución política al conflicto social y armado que vive Colombia no pasa ni por el reforzamiento militar del régimen ni por ninguna modalidad de intervención. La causa del conflicto es social y su solución por tanto, no puede ser de otro orden. Nuestro alzamiento en armas hace parte del derecho universal que asiste a los pueblos de levantarse contra la opresión y los regímenes injustos. Luchamos por un nuevo gobierno cuyo programa sea la justicia social, el derecho al empleo, a un salario justo, a la tierra, a la vivienda, a la salud, a la educación. Un gobierno para todo el pueblo y no solamente para los monopolios, un país sin políticos corruptos y unas Fuerzas Armadas garantes de la soberanía y respetuosas de los derechos humanos. Los gobernantes colombianos siempre hallaron un pretexto no solamente para responder con violencia a esta aspiración del pueblo, sino también para recabar el apoyo militar de la Casa Blanca. Inicialmente fue la lucha contra el comunismo, pero una vez desaparecido el poder soviético de la escena, el pretexto fue reemplazado por el de la lucha antidrogas. Desafortunadamente el gobierno y el parlamento de los Estados Unidos sólo han tenido oídos para una de las partes contendientes y por esta razón manejan un panorama incompleto o tergiversado de la realidad de nuestro país. El Plan Colombia no debe ser aprobado por el Congreso norteamericano
porque está fundamentado sobre una exposición de motivos mentirosa. Es
un plan de intervención militar disfrazado de lucha antidrogas, pero con
el agravante de que puede conducir a Washington a repetir experiencias
trágicas del pasado. Resultaría además en extremo paradójico que gran
parte de la ayuda en dólares que eventualmente pueda aprobar el Congreso
vaya a parar a manos de un ejército, que como el colombiano se ha destacado
en la violación de los derechos humanos y como promotor de paramilitares,
que no sólo masacran a la población civil indefensa, sino que también
envían Queremos que una delegación del Congreso de los Estados Unidos venga
a Colombia, pero no a la base militar de Tres Esquinas, sino a la zona
de despeje para que dialogue directamente con nosotros y posteriormente
recorramos juntos el municipio de Cartagena del Chairá, para que aprecien
con sus propios ojos la realidad que viven miles de campesinos pobres,
convertidos por sus necesidades económicas, en cultivadores de coca. Para
que constaten que el narcocultivo tiene, en primer lugar, una causa social
cuya solución nada tiene que ver con Pero si lo que se busca es una solución de raíz al flagelo de las drogas, el mundo debe prepararse para la más grande discusión en torno a la conveniencia de la legalización de su consumo, tal como sucedió en el pasado con otros flagelos como el alcohol y el tabaco. Sobre el particular anexamos el pronunciamiento del Estado Mayor Central de las FARC aprobado en su más reciente pleno. Atentamente,
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